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martes, 13 de enero de 2009

Momentos para el recuerdo: Telecogresca 2008 (I)

Mientras hace cola para intentar conseguir bebida gratis en la macrofiesta universitaria por excelencia, Tharkûn se acuerda de una película de Woody Allen en la que a Julia Roberts le pone tontorrona que le soplen en la nuca. Y con un nivel de animación ya considerable, tiene el deseo irrefrenable de empezar a soplar suavemente a la oreja al chico que tiene delante.
El hombre, que tarda en reaccionar y mide aproximadamente palmo y medio más que Tharkûn, se gira con una cara a medio camino entre el enfado y la sorpresa, y le pregunta con indignación, 'Què fas?'.
Tharkun, en un arrebato de sinceridad sin precedentes, contesta con una sonrisa algo tonta 'Bufar-te a la orella'. Él calla.
Tharkun, ante esta reacción tan poco calurosa, pregunta con toda naturalidad 'Que no t'agrada?'.
El chico, como si fuera lo más evidente del mundo, responde con un enérgico 'No!'. Tharkun pone cara de sorprendido, recordando los ojos cerrados y la cara de placer de Julia Roberts y responde, añadiendo una nota de tristeza, 'Vaja, jo ho feia perquè pensava que t'agradaria...'. 'No, no m'agrada que m'ho faci un noi!'. Momento de reflexión.
Con cara de 'me rindo, pero tú te lo pierdes', Tharkun reitera 'Bueno, pues nada, yo lo hacía por darte gusto, pero si no te gusta...'. El chico se queda procesando.
Tensión.
El chico recibe su bebida.
Tharkun se adelanta a la barra.
El chico se retira.
No hay consecuencias graves, la noche es joven.

martes, 14 de octubre de 2008

La claridad de las llamas del Norte

Ayer asistí al concierto de In Flames en Razzmatazz 1. Fantástico.
Con la sala llena, el grupo, ya consagrado en la escena metalera, traía no uno, sino dos teloneros. El primero fue Sonic Syndicate, que además del flojo sonido, fueron algo aburridos. Su media hora pasó sin pena ni gloria para un servidor, que solo destacaría un par de canciones. Lo de después fue harina de otro costal. Los franceses Gojira metieron una caña bestial, con una batería que revolvía las tripas. Ambientales y muy duros, sus tres cuartos de hora se disfrutaron mucho. Habrá que seguirles la pista.

Después de hacer esperar un rato más, aparecieron en escena los suecos. IN FLAMES pegaron fuerte, con un repertorio que mezclaba algunos temas clásicos con los de su segunda época. Los años de experiencia se notan (acompañados de un incremento de ventas, por supuesto) y sorprendieron con su propia pantalla de lucecitas, que ahora se estila mucho, pero que no esperaba encontrar precisamente en un concierto de metal. Aunque claro, con el pedazo de tour que se han cascado por EEUU digo yo que tampoco van a ir en plan pobre.
El sonido dejó que desear -tal vez fuera sólo en la retaguardia, pero los bajos a veces cubrían por completo harmonías y demás filigranas de guitarra, por lo que algunas canciones sonaban confusas-, y los temas nuevos se oían mejor en general. Pero eso no impidió que por encima de todo destacara la voz de Anders Fridén, que se desgañitó desde los registros más guturales a los melódicos. Se agradece que se arriesgue a tener cáncer de laringe por amor al arte.
El concierto duró prácticamente hora y tres cuartos, y aunque se dejaron un par o tres de temas básicos, la selección en conjunto fue acertada. La gente estuvo muy entregada, y cantaba y aplaudía generosamente. Así pues, salimos de allí más de 4 horas después de haber entrado, con los tímpanos al límite de sus fuerzas y la satisfacción del dinero bien gastado.

Otra cosa que me llamó la atención fue que no hubo bises. La verdad es que hace bastante tiempo que me planteo la estupidez de esa tradición, mirándolo en frío, así que no me parece mal que no los hubiera. Pero acostumbrado a las forzadas vueltas al escenario, ver que la gente se va rápidamente (deben estar más enterados que yo) te hace quedarte un poco con el regomello sobre si no salen porque no les hemos dado tiempo (aunque pude ver de refilón la hoja del repertorio, y no había apuntado nada después de la última que tocaron)...
En fin:

domingo, 7 de septiembre de 2008

Baile de diablos

Demasiado abrigado para la época del año, te cubres la cabeza y la cara con pañuelos e impaciencia mientras se acerca la hora. En un momento dado, empiezan a sonar los tambores y se encienden las primeras bengalas. Tras observar unos instantes y tomar aire, corres hacia ellas y empieza el recorrido.
A ratos eres perseguido por el fuego y escapas enmedio de la semicontenida histeria colectiva, a ratos eres tú mismo el que va a buscarlo y te agarras junto con otros a las faldas de un diablo que hace danzar su mástil llameante, en una especie de episodio de catarsis conjunta. Te adelantas con un grupo de corredores y pides agua a la gente que mira desde sus balcones. Cuesta mucho de conseguir, pero finalmente algún cubo cae encima tuyo.
Estás sin aliento de correr y berrear mientras saltas, con el pañuelo empapado; tienes que despegártelo de la cara para poder respirar, y apenas te quedan energías para gritar por más líquido. Atraviesas las puertas de fuego que se van encendiendo por el camino, como una etapa más completada de la carrera.
Se montan barreras que intentan retener a los demonios flameantes, y que se rompen cuando éstos atacan a golpe de fuego y chispas en una batalla perdida de antemano. Te acorralan los diablos que arrastran con malicia chorros de bengalas por el suelo, corres y saltas medio escapando, medio exponiéndote. Danzas entre la multitud junto con varios demonios. En el camino, alguna que otra chispa llega a quemarte. Es parte del componente masoquista que destila la fiesta.
Estás cansado y empiezas a separarte algo más del desfile, aunque de vez en cuando no puedes evitar volver a meterte debajo de una bengala giratoria, o simplemente te ves arrastrado a ello.
Pero entonces el recorrido llega a su final. Descansas unos momentos y, conforme van llegando, los diablos hacen un último acopio de fuerzas y, juntando todas sus mazas en círculo, las encienden de golpe y aquello se convierte en una auténtica lluvia de chispas apocalíptica en la que te introduces como último paseo entre las llamas liberadoras. Después de esto, hace la aparición el dragón, que se pasea enmedio de la plaza en un último arrebato de rabia, y ya sólo permanece algún diablo aislado que se resiste a dejar su mástil, otro danzando con llamas, y algunos fuegos artificiales que sentencian el evento.
Los tambores todavía siguen resonando a toda mecha; sacan una manguera y te riegan mientras saltas y bailas junto a los demás, dejándote chorreando y limpiando las cenizas que puedan haber quedado después de este particular viaje a los infiernos. Para mí, el correfoc es sin duda un auténtico ritual de purificación.


[Han empezado las fiestas de mi pueblo, y el punto álgido ya ha pasado con la mejor tradición festiva del país. Una experiencia fantástica que libera adrenalina y quema la energía negativa, y que debe ser vivida desde dentro.]

miércoles, 6 de agosto de 2008

Una cena por las nubes

Ayer fui a una cena en el teleférico de Montjuic. Un tranquilo recorrido por los aires con la fantástica panorámica de una Barcelona nocturna, un picnic con caché servido sobre la marcha y música de fondo como obsequio al pasar por el 'checkpoint'. No, no suelo acudir a eventos tan burgueses, tuve la suerte que normalmente me falta en los concursos y para mi sorpresa y alegría me tocó una entrada doble.
Aún así, no es oro todo lo que reluce. Lo que iba a ser una cena romántica para dos, se convirtió en un paseo gastronómico con la otra pareja afortunada y un par de chicas de TMB que disfrutaban de un pequeño privilegio corporativo. Además, el pícnic era eso, un pícnic, que como uno de nuestros nuevos amigos reiteró, conformó una cena 'frugal', una manera de decirlo con estilo. Y lógicamente, después de beber entre pitos y flautas casi un litro de líquido diurético, las plantas de Montjuic tuvieron que aguantar un riego nocturno.
Pero cuidado, el regalo estuvo de coña: la comida era de calidad El Corte Inglés, la vista era de lujo, usamos el teleférico en horario restringido y la compañía fue divertida, así que el rato pasó volando, nunca mejor dicho. Ahora, yo que vosotros no pagaría los 40€ que cuesta por barba la cena multitudinaria, ni mucho menos los 80 que cascan por tenerla en intimidad... Mejor probad suerte en concursos.